Sam Altman dice que la IA será como el agua o la luz, pero se olvida de mencionar quién pagará la factura
por Edgar OteroDurante su participación en el US Infrastructure Summit organizado por BlackRock, Sam Altman describió su visión del futuro de la inteligencia artificial con una frase que merece leerse despacio: "Vemos un futuro donde la inteligencia es una utility, como la electricidad o el agua, y la gente nos la compra por contador." A continuación, añadió que su empresa tiene una "creencia fundamental en la abundancia de inteligencia" y que su objetivo es que sea "demasiado barata para medirla", tomando prestada una expresión del sector energético que, según él mismo reconoció, "no funcionó del todo".
No es un detalle menor que Altman pronunciara estas palabras ante un foro de inversión en infraestructuras, en conversación con Adebayo Ogunlesi, que además de ser el interlocutor en el escenario es miembro del consejo de administración de OpenAI. El contexto importa.
La parte que Altman no mencionó sobre los servicios públicos
La comparación con el agua o la electricidad tiene una lógica interna aparente: son recursos esenciales, accesibles, baratos por unidad. Pero tiene un problema de fondo que Altman no abordó en ningún momento. Los servicios públicos no son baratos por eficiencia de mercado. Son baratos porque están regulados, intervenidos y, en muchos casos, subvencionados por el Estado. Son útiles precisamente porque se consideró que el mercado libre no garantizaba el acceso universal.
Que Altman evoque ese modelo no es inocente. Hace apenas unas semanas, tanto él como la directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, pidieron abiertamente que el Gobierno federal actuara como garantía de último recurso para financiar la expansión de infraestructuras de centros de datos de la compañía. Friar habló de un respaldo institucional que asegurara la viabilidad de esas inversiones. Altman lo refrendó en una aparición separada, argumentando que, dado el impacto económico esperado de la IA, el Gobierno "acabará siendo el asegurador de último recurso". Ambos rectificaron posteriormente, pero la idea ya había quedado sobre la mesa.
Llamar a la IA una utility después de pedir garantías públicas para financiarla es una postura coherente consigo misma, aunque no del modo en que probablemente Altman quería presentarla. Las utilities se regulan, se auditan y se someten a control público precisamente porque son esenciales. No es evidente que OpenAI esté dispuesta a aceptar esa parte del trato.
Un patrón de metáforas que no aguantan el escrutinio
No es la primera vez que Altman recurre a comparaciones llamativas que pierden solidez al analizarlas. Como publicamos hace unas semanas, durante una cumbre sobre IA en India, el CEO de OpenAI defendió el consumo energético de ChatGPT, comparándolo con la energía que requiere criar a un ser humano durante veinte años, argumentando que las críticas al impacto ambiental de la IA eran "injustas" porque "también se necesita mucha energía para entrenar a un humano".
La comparación fue ampliamente criticada por reducir el desarrollo humano a un cálculo de productividad energética. Pero más allá del debate ético, el patrón que describe es consistente: cuando se señalan los costes reales de la IA, ya sea en energía, agua, emisiones o financiación pública, Altman responde con una metáfora de gran escala que reencuadra el problema en términos más favorables para su empresa.
En este caso, la utilidad "demasiado barata para medirla" omite que construir la infraestructura necesaria para llegar a ese punto no es precisamente barato. OpenAI acaba de retirarse de una expansión planificada de su proyecto Stargate en Texas por problemas de financiación. La abundancia de inteligencia que promete Altman requiere primero una abundancia de capital que, según sus propias palabras en otras ocasiones, debería contar con respaldo institucional.
Lo que queda tras analizar la declaración es una visión del futuro en la que la IA funciona como un servicio esencial accesible para todos, financiado en parte con dinero público, operado por empresas privadas y facturado por contador. Puede que sea una descripción precisa de hacia dónde va el sector. Pero presentarla como una promesa de abundancia, sin mencionar quién asume los costes de construirla y regularla, es cuando menos una descripción incompleta.
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